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1898
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El Ángel

Sus formas estáticas llevaban lustros enclavadas en la primera columna lateral izquierda de la catedral más imperiosa del país. Desde su privilegiada posición divisaba la totalidad de la nave central y parte del pasillo derecho, flanqueado por la columnata que tenía en frente.

Hacía meses que se venía repitiendo el mismo ritual. El sacerdote encargado del templo era, además, director del coro de niños y niñas que cada domingo le acompañaban en la misa. Había tres ensayos semanales y siempre tras el último, despedía a casi todos los miembros del coro.

Uno de los niños se quedaba para ayudarle a recoger.

Después de ordenar todo, el sacerdote le rodeaba cariñosamente y le invitaba al refectorio.

Un día el chico no quiso acompañar al sacerdote. Muy enfadado, éste empezó a pegarle. Sin fuerzas para zafarse, lloró amargamente mientras el sacerdote le agarraba por el cuello, fuera de sí. Los sollozos retumbaron por toda la estancia.

Y el ángel, ignorando todas las leyes de sus formas estáticas, enclavadas durante lustros en la primera columna lateral izquierda de la catedral más imperiosa del país, cobro vida, llenó sus ojos de furia y calló sobre el sacerdote…

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
1Comentario
  • Isabel Dávila Sánchez
    Posted at 09:44h, 20 julio Responder

    Y, como siempre, cuando menos me lo espero, las palabras me sorprenden muy gratamente. Y cuando la sorpresa viene de vuestra mano, es aún mayor.

    Qué bonito es saber que la educación y el arte tienen un punto de inflexión aquí.

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