Otros Lugares
Vivanco - Filtirés
17418
post-template-default,single,single-post,postid-17418,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,columns-3,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive

Vivanco

EL SUEÑO DE OSIRIS

 

Se enamoró.

En el principio de los tiempos, cuando el mundo aún gateaba, se enamoró.

Desde que era pequeño. Desde que su abuelo primero y su padre después, le enseñaran las cosas más bellas y dulces acerca de la sangre de la tierra.

Desde aquella infancia recorrida entre pequeños terrenos con viñas, se enamoró.

Se enamoró del vino, del arte de la viticultura. Y ahí se quebró el hollejo para fermentar el primer boceto de un sueño. Se hizo con una bicicleta y provisto de sus manos, de los pocos conocimientos que tenía y de aquel sueño construyéndose poco a poco en su cabeza, recorrió todos los paisajes que pudo transportando un preciado tesoro rojo que no le daba más que para seguir soñando.

Tanto creció la idea en la imaginación del hombre y tantas fueron las realidades que surgieron de la misma, que su labor llegó a oídos del dios Osiris, gobernante de tierras lejanas y áridas. La deidad, asombrada por las noticias que le llegaban del hombre, lo visitó y le pidió que le enseñara la técnica. Dado que era una dificultad enorme lo que le planteaba Osiris, el hombre tuvo que estudiar nuevas formas de plantación observando la calidad de la tierra, el estrés hídrico inevitable de la planta, el clima y su dureza, el tiempo de crianza, la forma nueva de las botellas o la mejor época para realizar la vendimia.

Tantas eran las cosas nuevas que debía aprender que el hombre tuvo que pedir ayuda a sus dos hijos. Ellos, sin dudarlo, ayudaron a su padre a satisfacer al dios y la familia al completo trasladó su sueño común a tierras difíciles, lejanas y llenas de misterio.

Osiris se impacientaba por la tardanza obligada, mientras la familia se esmeraba en lograr el mejor licor para la divinidad. Así, tras muchos años de esfuerzo, el hombre visitó por fin a Osiris con su bebida recién procesada. Cuando el dios sirvió el nuevo vino a todos, una nueva alegría renovó cada rincón de aquella tierra milenaria.

En agradecimiento por tan primoroso trabajo, Osiris ofreció al hombre una gran cantidad de oro y difundió con su celebración la llegada de una nueva bebida entre el resto de dioses que poblaban el mundo, que no tardaron mucho en solicitar los servicios del hombre y sus dos hijos.

Osiris, poco tiempo después, mostró a su pueblo tan grandioso descubrimiento y éste, agradecido por el enorme regalo del hombre y sus dos hijos instauró la Fiesta de la Vendimia, en la que los habitantes del antiguo Egipto adornaban su cabello con flores y celebraban fiestas épicas.

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
No hay comentarios

Publica un comentario