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El Tío del Espejo

Al despertar se sintió desorientado. Había dormido en el lado opuesto al habitual. Vio que el pomo del armario estaba en la parte izquierda en lugar de la derecha. Asustado, lo abrió y comprobó sus camisetas con las letras al revés.

En la cocina, tiró de la puerta de la nevera en dirección contraria a la de siempre. Los yogures cambiados, la verdura, la leche, los huevos… Todo al revés. Se mareó un poco y no comió nada. Quiso tomar el aire…

En la calle todo era distinto. Como en su casa. Abrió el coche desde el lado opuesto al de siempre. El volante estaba donde el copiloto, los dígitos del cuentakilómetros al revés, los de la palanca de cambios al revés, todo al revés.

Las señales estaban cambiadas, los nombres de las calles, como con sus camisetas, también cambiados… Volvió a sentir mareos y decidió caminar.

De repente, vio a un amigo que también llevaba un espejo a cuestas. Ambos se pusieron de frente y ahí estaba ese pasillo infinito que se crea en estos casos. Sin dudarlo, avanzó hacia el pasillo buscando la salida.

Allí quedó atrapado. Embutido en su importancia. Imbuido de sí mismo.

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
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