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La Ameba

Willy era un niño despierto, muy inteligente y con muchas ganas de comerse la vida a bocados. Desde pequeñito vivía en un país hermoso, aunque un tanto extraño. En sus tierras habitaban algunos parásitos que se alimentaban de la energía de la gente buena como Willy. Comían y comían libertad, hasta dejar en los huesos el más ínfimo rincón de dignidad.

Willy veía todo esto con ojos atentos. Finalmente, tras observar cómo se comportaban las amebas, encontró la solución.

Ideó una receta:

1.- Comprensión. Las pobres no tienen alimentos que les gusten, por lo que comen de lo que otros producen sin dar palo al agua.

2.- Amor. Tanto como sea posible, aunque cueste, oblígate a amarlas. Observaciones: ignorar este punto en amebas que no te amen a ti.

3.- Sonrisas. Como un tonto, todos los días, a todas horas. Eso no les alimenta.

4.- Música variada. De esa rara que nadie conoce, ideal para su autodestrucción.

5.- Las manos. Úsalas para pintar, escribir, esculpir, tallar, bordar… Las amebas odian el arte en todas sus formas.

6.- Apretar los dientes. Así chocarán con tu rabia y morirán de inanición.

Willy colocó esta receta agarrada a un imán de la nevera y nunca, nunca más, tuvo amebiasis.

 

 

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
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