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La Abubilla

Quiso ser la mejor de su especie. Deseó ser buena madre, la mejor esposa y en su lucha con la fama que la precedía, mantener en perfecto estado su nido.

Anheló portarse bien. Saber en todo momento lo que había que hacer ante un problema, trabajar calladamente alimentando a su familia, ser abnegada ante las críticas, evaluarse constantemente para mejorar…

No equivocarse, no dar una reclamo más alto que otro, estar siempre guapa y disponible, atenta, aseada, peinada y perfecta. Le pedían poseer una salud de hierro y ella obedecía sin rechistar. Ni una larva de más en su estricta dieta y escalopendras solo en domingos.

Todas le dijeron que mantenerse en el grupo de vuelo era lo más sensato. Ante cualquier duda, le exigían silencio y dedicación a los demás. Las figuras que formaban en su viaje eran de una enorme belleza y su maravilloso orden no debía ser perturbado bajo ninguna circunstancia.

Pero en una ocasión cambió de rumbo. Pensó que podía haber otra forma de volar, que debía intentarlo. Las demás la miraron con una mezcla de miedo y sorpresa.

Entonces, su vuelo adquirió tonos azulados y jamás volvió a recoger su cresta en un moño.

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
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