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El Nidito de Amor

 

Todo está preparado. A finales de julio hasta las paredes sudan. Como un torrente de sal marina sudan, a pesar del régimen cerrado.

La habitación está aislada. Su decoración, insultantemente sencilla, incluye una mesita en la que se han dispuesto condones y una cantidad exagerada de botellas de agua.

Ella le espera nerviosa. Intenta reconstruir en su mente la imagen más romántica posible, ésa que derrita los barrotes de la ventana. A la llegada del amante, la puerta se cierra tras ellos con un eco sordo que recorre todo el módulo.

Tienen sólo dos horas. Tienen dos largas horas.

Cuando sale ella, un tímido “adiós” a dos metros de distancia.

Cuando sale él, toca registro. El velo de intimidad se evapora con el calor y mientras el vigilante hace su trabajo, el enamorado se despoja de su ropa y su pudor.

Lo que jamás logran arrebatarle es la esperanza.

Siento ganas de escribir en el informe: “Aquí, en este lugar, también hay niditos llenos de esperanza”.

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
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