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El Gurumelo

Todos los años, los habitantes de Paymogo repetían el mismo ritual. Recolectaban el preciado tesoro en familia o con los amigos, lo cual les servía de diversión, además de ganar algún dinero que nunca venía mal.

Pero ocurrió que aquel año la cantidad de gurumelos era muy escasa y en la última jornada de recogida sólo quedaba un ejemplar.

Dos amigos de la infancia que se adoraban como hermanos, comenzaron a buscarlo sin éxito en las primeras horas. Los nervios empezaron a aflorar y cada uno fue por su lado para encontrarlo antes que el otro. Uno de ellos, dio por fin con el último gurumelo del año y decidió enterrarlo en un lugar secreto para que, ni su amigo ni nadie, lo encontrara.

Sin embargo, la astucia y constancia de su “hermano” le llevaron hasta el tesoro. Éste lo rescató de la tierra y se lo llevó fuera del pueblo, para igualmente enterrarlo.

Su contrincante aceptó el envite y recuperó lo que creía suyo. Con mucha precaución, viajó mucho más lejos para esconder el gurumelo en los límites de la provincia. Pero su amigo no cesó en su búsqueda y logró dar de nuevo con el manjar.

Para asegurarse bien, éste viajó mucho más lejos, incluso fuera del país, para resguardar el gurumelo en una vieja casa en medio del campo. Decidió entonces permanecer allí vigilando la pieza.

Su compañero, a pesar del cansancio, no renunció a una nueva búsqueda y recorrió todo el país en busca del gurumelo, mientras “el gran ganador” se escondía a muchos kilómetros de él.

Así, pasaron muchos meses. Y luego años. Y ambos olvidaron nuevas recolectas, olvidaron el ritual común, olvidaron incluso el rostro del otro.

Y sin darse cuenta, enterraron para siempre algo más que un gurumelo.

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
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