Otros Lugares
Filtirés | El Guerrero
1906
post-template-default,single,single-post,postid-1906,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,columns-3,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive

El Guerrero

Eran las siete de la mañana cuando el comandante en jefe se dirigió a sus tropas.

“¡Guerreros! ¡Amigos! Aquí me veo, junto a vosotros, ante el día más importante de nuestras vidas. Allá a lo lejos, el enemigo no descansa. Sus soldados se pierden más allá del horizonte. Como todos sabéis, ¡tienen muchas más armas que nosotros! ¡Su soberbia abre las venas de la gente buena!”

“¡Pero hoy conocerán una táctica jamás vista! ¡Adelante!”

A su orden las tropas avanzaron. Llevaban ramos inmensos de flores, papelitos para bodas y globos infantiles. Iban con los brazos abiertos, cantando fuerte y con toda clase de instrumentos musicales. Sus uniformes eran retales de trapo de mil colores. Sus caras decoradas con pinturas de fiesta, se limpiarían fácilmente con agua.

En el encuentro, si eran apuntados con fusiles tapaban sus cañones con las flores, como en Portugal; si una lanza venía hacia ellos, usaban un platillo como escudo y defendían el ataque con un solo de batería. A los puños respondían con abrazos de oso; para las espadas, tiras de confeti… Para acallar los gritos desgarrados de odio, disparaban besos de tornillo.

El comandante en jefe, muy orgulloso, no conoció nunca guerreros tan valientes.

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
No hay comentarios

Publica un comentario