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El Demonio

…El niño huyó despavorido y el ángel caído posaba todo su cuerpo de granito sobre el sacerdote, tumbado boca abajo y aplastado contra el suelo. Sólo sus lamentos ahogados podían distinguirse.

“¿Cómo te atreves? … ¿Cómo has sido capaz? …” – susurraba el ángel en la oreja llena de vello del hombre.

“Es un acto de amor…” “Lo juro, no hacíamos nada malo…”

“Estás en posición de penitencia… la tuya será para siempre” – sentenció la pesada figura.

La misa debía celebrarse a la mañana siguiente. Los fieles se agolpaban a la entrada de la catedral, mirando con extrañeza el enorme portón cerrado. Al poco tiempo, un ayudante del templo trajo una llave. Al entrar, nadie podía creer lo que estaba viendo.

Al pie del altar mayor había una nueva estatua de mármol negro, grande e imponente. Sus formas estaban aplastadas contra el suelo, cabeza abajo. Dos grandes alas se extendían a un lado y otro de la escalinata. De su cabeza sobresalían dos cuernos afilados. Sus manos y pies tenían aspecto animal.

Entre varios de los atónitos asistentes le dieron la vuelta. El rostro de la nueva estatua, era el del sacerdote encargado del templo. En las baldosas que había ocupado se leía:

“El diablo que robó la música a los niños y la paz a los hombres”

Chesku Jimenez Andrade-Saquete
chesku.jimenez@gmail.com
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